Comparte o imprime

Agustín de Argüelles Álvarez - Padre de La Pepa

  • Agustín de Argüelles Álvarez (Ribadesella, 18 de agosto de 1776 – Madrid, 26 de marzo de 1844), apodado «el Divino» por su oratoria durante las Cortes de Cádiz, abogado, político y diplomático español, fue presidente de las Cortes en 1841 y tutor de la reina Isabel II.

La voz de este insigne jurista asturiano, nacido en Ribadesella, fue la más vigorosa en las deliberaciones de los constituyentes. 
Por encima de los bombazos de los franceses y de los gritos combativos de la población gaditana, el eco de las palabras de Argüelles resuena en la actualidad en su noble afán por moldear con mimbres humanitarios ese sujeto que se asomaba a la posteridad, la nación española.

Las convicciones de Argüelles quedaron claras en sus piadosos alegatos contra dos de las herencias de la España imperial, la esclavitud y la tortura. Existía entonces todavía la figura del tormento, a la que los jueces podían recurrir para arrancar confesión de los sospechosos.

Argüelles dejó claro que una práctica así no podía subsistir porque "repugna a los sentimientos de de humanidad y dulzura que son tan propios de una nación grande", como él entendía que debía ser la española. El artículo 303 de la Constitución recogería la abolición del tormento.

Tuvo menos éxito en su lucha contra la esclavitud, "infame tráfico, opuesto a la pureza y liberalidad de la nación española". No consiguió que la Constitución recogiera sus demandas, pero en las conciencias de sus compañeros de cortes dejó clavadas sus palabras: "Comerciar con la sangre de nuestros hermanos es horrendo, es atroz, es inhumano", denunció. Aunque descartó la manumisión de los esclavos propiedad de las élites coloniales en América. Lo avanzado de su discurso tuvo como límite evitar la colisión frontal con las clases propietarias.

Abocado al exilio con la restauración del absolutismo tras el regreso de Fernando VII, volvió a España para participar en la redacción de la Constitución de 1837. Murió en 1844. Sin duda, merece ser reconocido como uno de los padres del liberalismo español.
Agustín de Argüelles, abogado, diplomático y político liberal, participó activamente en la redacción del texto constitucional: Las Cortes de Cádiz, examen histórico de la reforma constitucional que hicieron las Cortes generales y extraordinarias desde... el día 24 de septiembre de 1810 hasta que cerraron... en 14 del propio mes de 1813.

Agustín de Argüelles, el 'Divino' asturiano
por Sofía Sancho
Gaspar Melchor de Jovellanos o el Conde de Toreno fueron asturianos coetáneos de AGUSTÍN DE ARGÜELLES, uno de los padres de la Constitución y nombre ilustre de la política nacional. Tutor de Isabel II, diputado en las Cortes de Cádiz y uno de los autores del discurso preliminar de 'La Pepa', áquel que contenía el verdadero espíritu de la Carta Magna y que firmó junto a Antonio Espiga.

Ribadesella (Asturias) fue el pueblo que vio nacer a Agustín de Argüelles, el 18 de agosto de 1776. Séptimo hijo de una familia de clase media, estudió Cánones y Leyes en la universidad de Oviedo, una de las 10 universidades que, a principios del siglo XIX, se repartían por el territorio español. Recién salido de la institución académica, Jovellanos quiso contar con él para un viaje a la corte rusa encargado por Godoy, que nunca llegó a realizar ya que el autor de 'El delincuente honrado' fue nombrado Ministro de Gracia y Justicia. En ese momento, Argüelles comenzó a trabajar para el obispo de Barcelona, el también asturiano Pedro Díaz Valdés.

Con el comienzo del siglo XIX, Argüelles comenzó su andadura como funcionario en Madrid. Destacó entonces en la Secretaría de Interpretación de Lenguas por su conocimiento del inglés y viajó a Londres para gestionar una alianza en contra de Napoleón, periplo que aprovechó para hacer algunas de las relaciones a las que recurriría cuando marchó al exilio. En la capital británica se encontró con otros compatriotas, como el Conde de Toreno, junto al que forjó una amistad tan duradera que se postergó para el recuerdo en la Historia de España.

Mientras Argüelles se aficionaba al té de las cinco, en España comenzaban a arder los cañones. En mayo y junio de 1808, se produjeron los primeros levantamientos contra el invasor francés. El pueblo español esperaba el regreso del asturiano con refuerzos ingleses. Nada más lejos de la realidad, puesto que Argüelles fracasó en su empresa y llegó con las manos vacías. Fue nombrado secretario de la Junta de Legislación en Sevilla, cuyos acuerdos fueron los precedentes de los decretos de las Cortes y del proyecto constitucional. Entre el avance de las tropas napoleónicas y la resistencia de las nacionales, la Constitución empezaba a gestarse y Argüelles era una de las cabezas visibles de su elaboración.

Argüelles y los de su grupo presionaron con folletos, manifestaciones callejeras, bandos y, de forma oficial, se reunieron con Fernando VII para requerir la convocatoria inmediata de las Cortes. Una vez formadas por primera vez, en la Isla de León en septiembre de 1810, el asturiano empezó a sobresalir por sus discursos. Apodado 'el Divino', Argüelles tuvo fama de buen orador, aunque desordenado y poco profundo. "Suplía en él la vehemencia de los afectos al vigor de los raciocinios", decía un moderado. Demostró gran capacidad de liderazgo y quiso convertirse en adalid de los liberales en las Cortes.

Tras el golpe de estado perpetrado por Fernando VII en mayo de 1814, Argüelles fue perseguido, al igual que otros muchos liberales. Tras seis años preso en cárceles de Ceuta y Mallorca, a mediados de marzo de 1820 fue liberado por una amnistía para los presos políticos. Llegó a Valencia el 6 de mayo, donde fue recibido como un héroe.

Pulsa para aumentar
Con la llegada de la década ominosa en 1823, se exilió, decantándose por Londres, donde la vida no fue fácil para Argüelles. Tuvo que vivir de los regalos que le hacían algunos antiguos compañeros, como Toreno, y del trabajo que consiguió en la biblioteca de su amigo Lord Holland (al que conoció en su primer viaje a las islas británicas).

Sería en 1833, con la regente María Cristina y la amnistía a los exiliados, cuando Argüelles volvió a las Cortes, pero esta vez en un segundo plano (como auxiliar). Participó en la redacción de la Constitución de 1837 y fue diputado de todas las legislaturas hasta que en 1841 fue nombrado presidente del Congreso y, años después, tutor de la reina Isabel II.

El 23 de marzo de 1844 Agustín de Argüelles falleció en Madrid sin haber podido regresar a su pueblo natal, Ribadesella. Murió rodeado de austeridad, tal y como había vivido, y a su entierro asistieron todas las facciones políticas.
Eduardo Asquerino, progresista, diputado en las Cortes, senador por Valencia, Cádiz e Islas Baleares, director de 'El Universal' y de 'La América' y hermano del también escritor Eusebio Asquerino honraba con sus palabras a Argüelles:
"Aunque tu aliento a su rigor sucumba, te hicieron inmortal gloriosos hechos: flores han de sobrar sobre tu tumba, mientras respiren liberales pechos".

Fernando VII Rey de España

La historia de España está sembrada de luces y sombras, de grandes proezas, pero también de enormes fracasos. 

Fernando VII de España (San Lorenzo de El Escorial (Madrid), 14 de octubre de 1784 - Madrid, 29 de septiembre de 1833). Rey de España, hijo de Carlos IV y de María Luisa de Parma.

Llegó al trono en marzo de 1808 tras la abdicación de su padre después del "Motín de Aranjuez". En mayo de ese mismo año, en Bayona es obligado a abdicar en su padre, y éste renuncia al trono en favor de Napoleón. Napoleón cedió el trono a su hermano José Bonaparte, aprueba la Constitución de Bayona para legitimar el gobierno de su hermano.

En ese mismo momento comenzó la Guerra de Independencia española para liberarse del dominación francesa. Durante la Guuera, las Cortes de Cádiz declaran como único y legítimo rey de la nación española a don Fernando VII de Borbón.

En este vídeo, harás un recorrido a través de la figura de uno de los monarcas, de la que fue una de las naciones más poderosas de la tierra, España.

En 1813 acaba la guerra y Fernando VII regresa a España el 22 de marzo de 1814, bajo el apodo de "El Deseado", pero no juró la Constitución de 1812 sino que la abolió junto con todos los decretos de las Cortes de Cádiz. El Decreto del 4 de mayo de 1814 recoge este hecho.

Durante la primera etapa del reinado, entre los años 1814 y 1820, el Rey reestablece el absolutismo anterior debido al Congreso de Viena y el tratado de los Persas que le entregaron al rey unos diputados realistas que deseaban la vuelta del absolutismo.

En 1820 se establece una corriente liberal revolucionaria (Trienio liberal) que obliga al Rey a devolver la vigencia de la Constitución de 1812 y proponer unas medidas en contra del absolutismo, suprimiéndose la Inquisición y los señoríos.

Fernando VII, a caballo 1821.
Óleo sobre lienzo, 353 x 249,5 cm  de 
José de Madrazo y Agudo - Museo del Prado.
El 7 de abril de 1823, los "Cien mil hijos de San Luis" (un contingente francés con voluntarios españoles) entran en España para reestablecer, otra vez, la monarquía absolutista. En su última época de reinado se produce una durísima represión contra los elementos liberales, y se acelera la independencia de las colonias americanas.

Fernando estuvo casdo varias veces: con María Antonia de Nápoles, Isabel de Portugal, María Josefa Amalia de Sajonia y finalmente con María Cristina de Borbón-Nápoles, con quien tuvo a Isabel y María Luisa Fernanda.

Fernando VII en 1830, publica la Pragmática Sanción, que había sido aprobada en 1789, derogando la Ley Sálica que hubiera impedido reinar a su hija Isabel que sólo tenía 3 años en este momento. 

Fernando muere en 1833 y su hija Isabel es la nueva reina de España con el nombre de Isabel II bajo la regencia de su madre María Cristina, hasta su mayoría de edad. Los partidarios del hermano del Rey, Carlos María Isidro, crean el Carlismo e inician la Primera Guerra Carlista bajo el pretexto de ser Carlos el legítimo sucesor.

Revolución 1820 de Cabezas de San Juan, Rafael del Riego se levanta en contra del gobierno

Itinerario seguido por las tropas de Riego en 1820 
y focos revolucionarios en otras ciudades de España
En 1814, tras la liberación de España de las tropas napoleónicas, Fernando VII volvió a ostentar la corona. Restableció una monarquía absolutista que abolió las leyes promulgadas por las Cortes de Cádiz y la Constitución de 1812. Reinará así durante 6 años (Sexenio Absolutista).

La delicada situación económica y la persecución de los liberales generó un gran descontento que fue capitalizado por el coronel Riego, quien el 1 de enero de 1820 capitaneó un levantamiento en cabezas de San Juan (Sevilla), utilizando las tropas destinadas a sofocar la sublevación de las colonias españolas en América. Los insurrectos obligaron a Fernando VII a jurar la Constitución de Cádiz e introdujeron en España un sistema liberal representado por una monarquía constitucional.

Esta situación política (Trienio Constitucional) duró hasta que, en 1823 los estados absolutistas invadieron España con un cuerpo de ejército al mando del Duque de Angulema (Los Cien Mil Hijos de San Luis) que derrotaron a Riego (que fue ejecutado) y restablecieron el poder absoluto del rey hasta su muerte en 1833 (Década Absolutista).



Breve Biografía de Rafael del Riego
Rafael del Riego nació en el seno de una familia hidalga asturiana. Tras graduarse por Leyes y Cánones en la Universidad de Oviedo en 1807, se trasladó a Madrid, donde se alistó en la Guardia de Corps. Con la invasión francesa de España, en abril de 1808, el general Murat le envió prisionero a El Escorial, de donde logró escapar. Se fugó hacia Asturias, donde su padre había sido nombrado miembro de la Junta Suprema de Asturias.

Iniciada la Guerra de la Independencia, el 8 de agosto de 1808 ascendió a capitán en la división del general Acevedo y al poco tiempo fue nombrado su ayudante. El 10 de noviembre de 1808 tomó parte en la batalla de Espinosa de los Monteros (Burgos), en la que las tropas españolas sufrieron una importante derrota.

Intentando proteger y salvar la vida del general Acevedo, fue hecho prisionero el 13 de noviembre de 1808 y después deportado a Francia, donde conoció las teorías liberales más radicales. Posteriormente fue liberado y entró en contacto con la masonería en Francia. Viajó también por Inglaterra y Alemania, y en 1814 retornó a España, reincorporándose al ejército con el grado de teniente coronel. Juró la Constitución de 1812 ante el general Lacy antes de que fuera derogada por Fernando VII.

Durante los seis años de gobierno absolutista de Fernando VII, se unió a la masonería. Posteriormente conspiró junto a otros liberales para reinstaurar la Constitución de 1812

La oleada revolucionaria que recorrió Europa en 1820 afectó fundamentalmente al área mediterránea, más concretamente a España, Nápoles y Grecia. En los dos primeros estados fracasó la implantación de sendas monarquías liberal-constitucionales debido a la intervención de los vecinos estados absolutistas.

Rafael del Riego fue ahorcado en Madrid, en la Plaza de la Cebada, un siniestro 7 de noviembre de 1823. ¿Su delito? Haberse sublevado en 1820 en Cabezas de San Juan, Sevilla, contra el poder absoluto encarnado por Fernando VII y proclamar la Constitución liberal de 1812. En su determinante arenga a las tropas sublevadas con él, manifestó: 
“Es de precisión para que España se salve que el rey Nuestro Señor jure la Ley constitucional de 1812, afirmación legítima y civil de los derechos y deberes de los españoles. ¡Viva la Constitución!”.

Bailando con lobos. Entrevista a Ignacio Manuel García Medina

Nuestro compañero Ignacio Manuel García Medina, libertario y conferenciante especializado en Liberalismo en la Cultura Popular, fue entrevistado el pasado viernes 10 de febrero, en el programa Bailando con Lobos, de Libertario.es. Esta entrevista fue previa a la charla de cine y anarquía que dio el sábado 11 de febrero en el Instituto Juan de Mariana en Madrid.
Ignacio Manuel García Medina es diplomado en Empresariales y MBA. Es profesor de Gestión de Empresas en formación continua y ocupacional.

* 1984, la distopía de George Orwell, fue la novela (y la película) que le abrió la mente a las ideas de la libertad.


¡Viva la Pepa! - El desquite de los reaccionarios

"Tras su regreso a España, el rey Fernando VII declaró nula la Constitución y todos los decretos promulgados por las Cortes"
Capitulación de Bailén
En 1814, la retirada de los franceses llenó de esperanzas a los patriotas de Cádiz. Los diputados se trasladaron a Madrid, con la esperanza de que el régimen que habían fraguado en Cádiz se consolidaría en un país liberado y pacificado. Pero el triunfo se convirtió para todos ellos en una pesadilla. Al volver a España, el rey Fernando VII firmó en Valencia un decreto en el que comunicaba que no solamente no juraba ni aceptaba la Constitución ni ningún decreto de las Cortes, sino que declaraba aquella Constitución y aquellos decretos nulos y de ningún valor ni efecto, «como si no hubiesen pasado jamás tales actos y se quitasen de en medio del tiempo». 

El 11 de mayo, los diputados recibieron la orden de disolución, mientras los partidarios del rey recorrían las calles de Madrid al grito de «¡Viva la Religión!, ¡abajo las Cortes!, ¡viva Fernando VII!, ¡viva la Inquisición!» Empezaba la reacción absolutista.

¡Viva la Pepa! 1812, las Cortes de Cádiz y la primera Constitución Española
1. ¡Viva la Pepa! - Aprobada el 19 de marzo de 1812
2. ¡Viva la Pepa! - Celebración en Cádiz de las Cortes destinadas a cambiar el rumbo de la historia de España
3. ¡Viva la Pepa! - Todo había comenzado dos años antes, en 1808
4. ¡Viva la Pepa! - Se constituyen las Cortes
5. ¡Viva la Pepa! - Liberales y absolutistas
6. ¡Viva la Pepa! - Adiós a la Inquisición, viva la libertad
7. ¡Viva la Pepa! - Todo el poder para las Cortes
8. ¡Viva la Pepa! - El desquite de los reaccionarios

Ver post completo en el siguiente enlace: 

¡Viva la Pepa! - Todo el poder para las Cortes

Constitución de la Pepa. Cádiz, 1812 Aunque algunos diputados de Cádiz afirmaban que la constitución de Cádiz era un retorno a las libertades de la España medieval, aplastadas por el absolutismo desde el siglo XVI, en realidad su principal fuente de inspiración fue la Constitución francesa de 1791. Los postulados de la Constitución de 1812 fueron, por ello, muy radicales para la época, en particular el de atribuir el poder legislativo a una asamblea nacional, excluyendo todo senado aristocrático y limitando el poder real de veto.
La ley de mayor trascendencia que aprobaron las Cortes de Cádiz fue la Constitución, base de la reforma de todo el entramado jurídico y político absolutista. El texto establecía un modelo liberal de Estado, basado en la división de poderes: el monarca se encargaba del gobierno y la administración; la potestad de hacer las leyes residía en las Cortes, aunque el rey debía sancionarlas y podía vetarlas durante dos años; mientras que los tribunales de justicia eran los responsables de aplicar la ley. Se trataba de un sistema muy avanzado para la época y de hecho se convertiría en modelo de otras revoluciones liberales.

El texto definitivo de la Constitución fue promulgado el 19 de marzo de 1812, día de San José; de ahí el nombre popular de «la Pepa» que más tarde se le daría. A pesar de la lluvia y de la proximidad del ejército francés, ese día las muestras de júbilo fueron generales y los cronistas cuentan que se oían vítores y aplausos por toda la ciudad.

Los diputados marcharon en una comitiva, entre las aclamaciones y las canciones patrióticas de la población. Para perpetuar el recuerdo de la jornada se acuñaron medallas y se improvisaron composiciones poéticas. La noticia corrió como un reguero de pólvora por toda España y las provincias se fueron sumando a la celebración en la medida en que lo permitía la ocupación francesa.

¡Viva la Pepa! 1812, las Cortes de Cádiz y la primera Constitución Española
1. ¡Viva la Pepa! - Aprobada el 19 de marzo de 1812
2. ¡Viva la Pepa! - Celebración en Cádiz de las Cortes destinadas a cambiar el rumbo de la historia de España
3. ¡Viva la Pepa! - Todo había comenzado dos años antes, en 1808
4. ¡Viva la Pepa! - Se constituyen las Cortes
5. ¡Viva la Pepa! - Liberales y absolutistas
6. ¡Viva la Pepa! - Adiós a la Inquisición, viva la libertad
7. ¡Viva la Pepa! - Todo el poder para las Cortes
8. ¡Viva la Pepa! - El desquite de los reaccionarios

Ver post completo en el siguiente enlace: 
¡Viva la Pepa! 1812, las Cortes de Cádiz y la primera Constitución Española

¡Viva la Pepa! - Adiós a la Inquisición, viva la libertad

"En 1810, las Cortes decretaron la libertad de imprenta, y el final de la censura dio paso a acaloradas discusiones en cafés y tertulias".
La prensa jugó también a favor de los liberales. El 10 de noviembre de 1810, las Cortes decretaron la libertad de imprenta, suprimiendo la censura previa de las obras políticas. Después de años de censura y prohibición existía la posibilidad de opinar libremente. Los debates se hicieron públicos, surgieron tertulias, y se multiplicaron los periódicos y las publicaciones; entre los liberales destacaron el Conciso, el Semanario Patriótico o El Robespierre Español. La oposición absolutista, que también contaba con sus medios, se encontraba en clara desventaja frente a los defensores de la transformación liberal del Estado.

Los cafés se convirtieron en nuevos espacios de sociabilidad y debate de ideas. Los asistentes al café de Cadenas o al León de Oro, entre otros, se enzarzaban en apasionadas polémicas a partir de la lectura de las crónicas de las sesiones de Cortes que publicaba el Semanario Patriótico. Mientras, la juventud gaditana, enardecida por los discursos y las soflamas, se alistaba en los diversos batallones de voluntarios que se formaron, como el de los «lechuguinos», llamado así por emplear el color verde en su indumentaria, aunque también se atribuyó a que la mayoría pertenecían a los barrios de Puerta de Tierra y Extramuros, donde se cultivaban lechugas.

La labor legislativa de las Cortes de Cádiz fue enorme. Muchos decretos tuvieron por objetivo abolir las instituciones del Antiguo Régimen, como el régimen señorial de propiedad de la tierra (liquidado el 6 de agosto de 1811), la Inquisición o las pruebas de nobleza. También suprimieron las instituciones de control económico o social o que coartaran la libertad individual, como los gremios.
"En 1813, tras apasionados debates, las Cortes acordaron suprimir el tribunal de la Inquisición, en el que se veía un enemigo de la libertad"
"La abolición de la Inquisición" (Manufactura española:
pañuelo de seda. 1821. Barcelona, Museo Textil y de la 
Indumentaria, Colección Rocamora).
El debate en torno a la Inquisición levantó auténticas pasiones. Los liberales, imbuidos por las ideas de ilustrados y enciclopedistas del siglo veían en el tribunal un enemigo de la tolerancia y la libertad. Se publicaron numerosos escritos para demandar la abolición del Santo Oficio, como el del liberal catalán Antonio Puigblanch, que bajo el seudónimo de Natanael Jomtob publicó La Inquisición sin máscara, o Disertación en que se prueban hasta la evidencia los vicios de este tribunal y la necesidad de que se suprima (1811). Puigblanch era partidario de acabar totalmente con la Inquisición: «Cuando trato de destruir la Inquisición por sus cimientos, entiendo cumplir con uno de los principales deberes, que imponen a todo ciudadano la humanidad y religión juntas ofendidas atrozmente, y por una serie dilatada de siglos en este tribunal».

La Inquisición también tuvo sus apologistas, como el padre Francisco Alvarado, «el Filósofo Rancio». Sin embargo, fueron los liberales los que impusieron sus tesis. El 22 de febrero de 1813, la Inquisición fue declarada «incompatible con la constitución política de la monarquía» y, al día siguiente, la Regencia del reino suprimía el Tribunal, que era sustituido por los tribunales de la fe. El conde de Toreno consideraría que la abolición del Santo Oficio fue uno de los grandes logros de las Cortes de Cádiz: «Inmarcesible gloria adquirieron por haber derribado a éste las Cortes extraordinarias congregadas en Cádiz. Paso previo era su abolición a toda reforma fundamental en España, resultando, si no, infructuosos cuantos esfuerzos se hiciesen para difundir las luces y adelantar en la civilización moderna».

¡Viva la Pepa! 1812, las Cortes de Cádiz y la primera Constitución Española
1. ¡Viva la Pepa! - Aprobada el 19 de marzo de 1812
2. ¡Viva la Pepa! - Celebración en Cádiz de las Cortes destinadas a cambiar el rumbo de la historia de España
3. ¡Viva la Pepa! - Todo había comenzado dos años antes, en 1808
4. ¡Viva la Pepa! - Se constituyen las Cortes
5. ¡Viva la Pepa! - Liberales y absolutistas
6. ¡Viva la Pepa! - Adiós a la Inquisición, viva la libertad
7. ¡Viva la Pepa! - Todo el poder para las Cortes
8. ¡Viva la Pepa! - El desquite de los reaccionarios

Ver post completo en el siguiente enlace: 

¡Viva la Pepa! - Liberales y absolutistas


En enero de 1810, los acontecimientos se precipitaron. Invadida Andalucía por los franceses y con el ejército español disperso y en retirada, la Junta Central abandonó Sevilla y se trasladó a la Isla de León, que enseguida se convertiría en baluarte de la resistencia española contra el invasor. Allí, los poderes de la Junta fueron traspasados a un Consejo de Regencia, que asumió, no sin reticencias, la convocatoria de Cortes tal y como estaba planteada. La apertura de la asamblea tuvo lugar finalmente en septiembre de 1810, en el teatro Cómico de la Isla de León. En esos momentos, Cádiz padecía una epidemia, quizá de tifus, que no fue a mayores; pasado el peligro, desde enero de 1811, las Cortes se trasladaron a Cádiz y se instalaron en la iglesia de San Felipe Neri.

El número de diputados que asistieron a las Cortes de Cádiz fue variable: en la sesión inaugural hubo unos cien, 185 firmaron la Constitución y 223 se encontraban en la sesión de clausura de las Cortes Extraordinarias. Procedían de toda España y hasta de América, pues las Cortes pretendieron dar los mismos derechos a los españoles del Nuevo Mundo; eso sí, ante las dificultades para la elección o el traslado de los elegidos a Andalucía, muchos fueron sustituidos por naturales de sus provincias que en aquellos momentos se encontraban en Cádiz. La mayoría eran eclesiásticos, abogados y funcionarios.

Entre los diputados se formaron enseguida dos grandes grupos ideológicos: los partidarios del absolutismo y del viejo orden tradicional, llamados por sus enemigos «serviles» –diputados como Blas de Estolaza y Lázaro de Dou– y los liberales, partidarios de reformar la sociedad del Antiguo Régimen, representados por políticos brillantes como Agustín Argüelles, Diego Muñoz Torrero, el conde de Toreno y José María Calatrava. En realidad fueron estos últimos, los liberales, quienes llevaron la voz cantante, ayudados por el ambiente que se vivía en Cádiz, que se había convertido en un auténtico hervidero de liberales. Incluso la mayoría del clero regular de Cádiz fue liberal porque estuvo próximo a planteamientos igualitaristas, de apoyo a los débiles y de lucha contra los privilegios.

¡Viva la Pepa! 1812, las Cortes de Cádiz y la primera Constitución Española
1. ¡Viva la Pepa! - Aprobada el 19 de marzo de 1812
2. ¡Viva la Pepa! - Celebración en Cádiz de las Cortes destinadas a cambiar el rumbo de la historia de España
3. ¡Viva la Pepa! - Todo había comenzado dos años antes, en 1808
4. ¡Viva la Pepa! - Se constituyen las Cortes
5. ¡Viva la Pepa! - Liberales y absolutistas
6. ¡Viva la Pepa! - Adiós a la Inquisición, viva la libertad
7. ¡Viva la Pepa! - Todo el poder para las Cortes
8. ¡Viva la Pepa! - El desquite de los reaccionarios

Ver post completo en el siguiente enlace: 

¡Viva la Pepa! - Se constituyen las Cortes

Fernando VII. El Rey Felón conspiró contra sus padres, derogó la Constitución de 1812, reinstauró el absolutismo y tras su muerte estallaron las guerras carlistas

Ante la ausencia de Fernando VII, los españoles, a través de todo este sistema de juntas, se habían dado un gobierno con la misión de coordinar la resistencia contra los franceses. Para algunos se trataba de una situación de emergencia y todas las juntas tenían carácter provisional mientras el rey no pudiera volver a España y recuperar su pleno poder. Pero otros pensaban que aquella era una oportunidad para crear un nuevo sistema de gobierno, más justo y más representativo que el régimen absolutista de los reyes borbónicos. Soñaban con aprovechar la guerra contra Napoleón para hacer en España una revolución política como la francesa de 1789. Fue así como surgió la reivindicación de convocar las Cortes.

La institución de las Cortes se remontaba a la Edad Media, cuando en cada uno de los reinos de la Península existían asambleas en las que estaban representados los tres estamentos de la sociedad: el clero, la nobleza y las ciudades. Las Cortes aprobaban leyes y a veces se enfrentaban al poder de rey. Sin embargo, desde el siglo XVI habían entrado en franco declive como consecuencia del afianzamiento del poder absoluto de los monarcas, y en el siglo XVIII o habían desaparecido o se convocaban en ocasiones muy contadas. Ahora, muchas voces se alzaban para exigir que se restablecieran aquellas Cortes con todas sus prerrogativas. Aunque, en realidad, más que resucitar una institución medieval lo que querían era crear una asamblea nacional que asumiera toda la soberanía, como había sucedido en Francia en 1789.

En abril de 1809, un miembro de la Junta Central, Lorenzo Calvo de Rozas, propuso formalmente convocar las Cortes, con el objetivo de establecer una «Constitución bien ordenada». Los defensores del absolutismo recelaban de la iniciativa, dado que se pretendía convocar unas Cortes en ausencia del monarca, algo sin precedentes, mientras que los liberales esperaban que la asamblea sirviera para introducir las reformas que necesitaba el país y cambiar así el rumbo de la historia de España. El 22 de mayo de 1809, la Junta Central aprobó la propuesta de Calvo de Rozas y durante los meses siguientes debatió cuál debía ser el sistema de elección de los diputados.

¡Viva la Pepa! 1812, las Cortes de Cádiz y la primera Constitución Española
1. ¡Viva la Pepa! - Aprobada el 19 de marzo de 1812
2. ¡Viva la Pepa! - Celebración en Cádiz de las Cortes destinadas a cambiar el rumbo de la historia de España
3. ¡Viva la Pepa! - Todo había comenzado dos años antes, en 1808
4. ¡Viva la Pepa! - Se constituyen las Cortes
5. ¡Viva la Pepa! - Liberales y absolutistas
6. ¡Viva la Pepa! - Adiós a la Inquisición, viva la libertad
7. ¡Viva la Pepa! - Todo el poder para las Cortes
8. ¡Viva la Pepa! - El desquite de los reaccionarios

Ver post completo en el siguiente enlace: 

¡Viva la Pepa! - Todo había comenzado dos años antes, en 1808...

Rendición ante el emperador: Este óleo de Carle Vernet muestra a Napoleón en Chamartín, recibiendo a los delegados de la Junta de Defensa de Madrid para rendir la ciudad y a los que reprocha airado su resistencia.

Todo había comenzado dos años antes, en 1808, con la entrada en la Península de los ejércitos de Napoleón, emperador de Francia. La invasión inesperada provocó un verdadero colapso de las estructuras del régimen absolutista; todo el entramado político de la monarquía borbónica se vino abajo, empezando por el rey, Fernando VII, que se encontraba retenido en Francia por Bonaparte.

En esta situación de vacío de poder, mientras se producían los primeros enfrentamientos entre los soldados franceses y la gente del país, se formaron de manera casi inmediata juntas de gobierno, locales y provinciales, que se organizaron, a su vez, en juntas supremas (regionales). En septiembre de 1808 se creó la Junta Central, integrada por treinta y seis vocales de las juntas provinciales. Se instaló en Aranjuez, pero, en diciembre de aquel año, ante el avance de las tropas de Napoleón, se retiró a Sevilla.

¡Viva la Pepa! - Celebración en Cádiz de las Cortes destinadas a cambiar el rumbo de la historia de España

Con casi toda la Península ocupada por Napoleón, y bajo las bombas de los franceses, se celebraron en Cádiz unas Cortes destinadas a cambiar el rumbo de la historia de España


Juramento de los diputados a las Cortes Generales y extraordinarias en 1810. Iglesia de San Pedro y San Pablo. Isla de León (San Fernando, Cádiz). Pintado por José Casado del Alisal, 1863. Salón de sesiones del Congreso de los Diputados.

A las nueve de la mañana del 24 de septiembre de 1810, un centenar de diputados, en representación de todas las ciudades y provincias de España, se congregaron en el ayuntamiento de la Isla de León (la actual ciudad de San Fernando, adyacente a Cádiz). Salieron en comitiva hasta la iglesia parroquial, donde el cardenal arzobispo de Toledo, Luis de Borbón, celebró una misa. Acto seguido, se preguntó a cada uno de los diputados: «¿Juráis la santa religión católica apostólica romana sin admitir otra alguna en estos reinos? ¿Juráis conservar en su integridad la nación española y no omitir medio alguno para libertarla de sus injustos opresores? ¿Juráis desempeñar fiel y legalmente el encargo que la nación ha puesto a vuestro cuidado, guardando las leyes de España, sin perjuicio de alterar, moderar y variar aquellas que exigiese el bien de la nación? Si así lo hiciereis, Dios os lo premie, y si no, os lo demande».

Todos los diputados presentes juraron afirmativamente, a pesar de algún tímido reparo planteado previamente a la ceremonia. Acabados los actos religiosos, los regentes y los diputados se trasladaron al salón de Cortes, situado en el teatro Cómico de la Isla de León. El presidente del Consejo de Regencia pronunció un breve discurso; así quedaban inauguradas las Cortes generales y extraordinarias, la asamblea que pasaría a la historia con el nombre de Cortes de Cádiz.

El mismo 24 de septiembre, las Cortes aprobaron su primer decreto, en el que los diputados se proclamaban representantes de la nación española y afirmaban que en ellos residía la soberanía nacional, reservándose el poder legislativo en toda su extensión. Era una decisión revolucionaria, con la que las Cortes despojaban al monarca de su poder absoluto y sentaban las bases de un régimen constitucional, el primero de la historia de España. 

¡Viva la Pepa! 1812, las Cortes de Cádiz y la primera Constitución Española
1. ¡Viva la Pepa! - Aprobada el 19 de marzo de 1812
2. ¡Viva la Pepa! - Celebración en Cádiz de las Cortes destinadas a cambiar el rumbo de la historia de España
3. ¡Viva la Pepa! - Todo había comenzado dos años antes, en 1808
4. ¡Viva la Pepa! - Se constituyen las Cortes
5. ¡Viva la Pepa! - Liberales y absolutistas
6. ¡Viva la Pepa! - Adiós a la Inquisición, viva la libertad
7. ¡Viva la Pepa! - Todo el poder para las Cortes
8. ¡Viva la Pepa! - El desquite de los reaccionarios

Ver post completo en el siguiente enlace: 

¡Viva la Pepa! - Aprobada el 19 de marzo de 1812

Constitución de 1812.
"Aprobada el 19 de marzo de 1812, fue la primera en la historia de España y una de las primeras del mundo".

Limitaba el poder absoluto del rey, a cuyo regreso se instauraría una monarquía constitucional y la división de poderes: el monarca se mantendría a la cabeza del Poder Ejecutivo, pero el nuevo sistema cedía el Poder Legislativo a un parlamento de cámara única. Éste era tal vez el aspecto más radical de la constitución: como en Francia, todos los ciudadanos eran considerados iguales (mientras que en Inglaterra y los Estados Unidos, otros países donde existía un sistema parlamentario, la organización bicameral mantenía las distancias entre los notables y aquellos ciudadanos que solo podían aspirar a la “cámara baja”). 

En la Constitución de 1812 se decreta además la libertad de expresión, son abolidas la Inquisición y las organizaciones que coartaban la libertad de los trabajadores, y se otorga al Estado el monopolio de recaudar impuestos (compartido hasta entonces con la Iglesia). La Constitución representaba, por último, un cambio en la definición de España y de lo español: se hablaba de una nación española, no del reino. Se diseñaba así un concepto de identidad nacional que no tenía que ver con la lealtad a una Corona sino con la pertenencia a una nación. Desde ahora no habría simplemente súbditos del rey, sino españoles.

¡Viva la Pepa!  Este óleo de Salvador Viniegra, pintado en 1912, recrea el momento en que las Cortes de Cádiz promulgan la Constitución de 1812. Museo Histórico Municipal, Cádiz.
¡Viva la Pepa! 1812, las Cortes de Cádiz y la primera Constitución Española

1812, las Cortes de Cádiz y la primera Constitución Española

¡Viva la Pepa! Constitución de 1812.
Aprobada el 19 de marzo de 1812, fue la primera en la historia de España y una de las primeras del mundo. Limitaba el poder absoluto del rey, a cuyo regreso se instauraría una monarquía constitucional y la división de poderes: el monarca se mantendría a la cabeza del Poder Ejecutivo, pero el nuevo sistema cedía el Poder Legislativo a un parlamento de cámara única. Éste era tal vez el aspecto más radical de la constitución: como en Francia, todos los ciudadanos eran considerados iguales (mientras que en Inglaterra y los Estados Unidos, otros países donde existía un sistema parlamentario, la organización bicameral mantenía las distancias entre los notables y aquellos ciudadanos que solo podían aspirar a la “cámara baja”). En la Constitución de 1812 se decreta además la libertad de expresión, son abolidas la Inquisición y las organizaciones que coartaban la libertad de los trabajadores, y se otorga al Estado el monopolio de recaudar impuestos (compartido hasta entonces con la Iglesia). La Constitución representaba, por último, un cambio en la definición de España y de lo español: se hablaba de una nación española, no del reino. Se diseñaba así un concepto de identidad nacional que no tenía que ver con la lealtad a una Corona sino con la pertenencia a una nación. Desde ahora no habría simplemente súbditos del rey, sino españoles.

Con casi toda la Península ocupada por Napoleón, y bajo las bombas de los franceses, se celebraron en Cádiz unas Cortes destinadas a cambiar el rumbo de la historia de España


Juramento de los diputados a las Cortes Generales y 
extraordinarias en 1810. Iglesia de San Pedro y San Pablo. 
Isla de León (San Fernando, Cádiz). 
Pintado por José Casado del Alisal, 1863. 
Salón de sesiones del Congreso de los Diputados.
A las nueve de la mañana del 24 de septiembre de 1810, un centenar de diputados, en representación de todas las ciudades y provincias de España, se congregaron en el ayuntamiento de la Isla de León (la actual ciudad de San Fernando, adyacente a Cádiz). Salieron en comitiva hasta la iglesia parroquial, donde el cardenal arzobispo de Toledo, Luis de Borbón, celebró una misa. Acto seguido, se preguntó a cada uno de los diputados: «¿Juráis la santa religión católica apostólica romana sin admitir otra alguna en estos reinos? ¿Juráis conservar en su integridad la nación española y no omitir medio alguno para libertarla de sus injustos opresores? ¿Juráis desempeñar fiel y legalmente el encargo que la nación ha puesto a vuestro cuidado, guardando las leyes de España, sin perjuicio de alterar, moderar y variar aquellas que exigiese el bien de la nación? Si así lo hiciereis, Dios os lo premie, y si no, os lo demande».

Todos los diputados presentes juraron afirmativamente, a pesar de algún tímido reparo planteado previamente a la ceremonia. Acabados los actos religiosos, los regentes y los diputados se trasladaron al salón de Cortes, situado en el teatro Cómico de la Isla de León. El presidente del Consejo de Regencia pronunció un breve discurso; así quedaban inauguradas las Cortes generales y extraordinarias, la asamblea que pasaría a la historia con el nombre de Cortes de Cádiz.

El mismo 24 de septiembre, las Cortes aprobaron su primer decreto, en el que los diputados se proclamaban representantes de la nación española y afirmaban que en ellos residía la soberanía nacional, reservándose el poder legislativo en toda su extensión. Era una decisión revolucionaria, con la que las Cortes despojaban al monarca de su poder absoluto y sentaban las bases de un régimen constitucional, el primero de la historia de España. 

Todo había comenzado dos años antes, en 1808...
Rendición ante el emperador: Este óleo de Carle Vernet muestra a Napoleón en Chamartín, recibiendo a los delegados de la Junta de Defensa de Madrid para rendir la ciudad y a los que reprocha airado su resistencia.

Todo había comenzado dos años antes, en 1808, con la entrada en la Península de los ejércitos de Napoleón, emperador de Francia. La invasión inesperada provocó un verdadero colapso de las estructuras del régimen absolutista; todo el entramado político de la monarquía borbónica se vino abajo, empezando por el rey, Fernando VII, que se encontraba retenido en Francia por Bonaparte.

En esta situación de vacío de poder, mientras se producían los primeros enfrentamientos entre los soldados franceses y la gente del país, se formaron de manera casi inmediata juntas de gobierno, locales y provinciales, que se organizaron, a su vez, en juntas supremas (regionales). En septiembre de 1808 se creó la Junta Central, integrada por treinta y seis vocales de las juntas provinciales. Se instaló en Aranjuez, pero, en diciembre de aquel año, ante el avance de las tropas de Napoleón, se retiró a Sevilla.

Se constituyen las Cortes

Fernando VII. El Rey Felón conspiró contra sus padres,
derogó la Constitución de 1812, reinstauró el absolutismo
y tras su muerte estallaron las guerras carlistas
Ante la ausencia de Fernando VII, los españoles, a través de todo este sistema de juntas, se habían dado un gobierno con la misión de coordinar la resistencia contra los franceses. Para algunos se trataba de una situación de emergencia y todas las juntas tenían carácter provisional mientras el rey no pudiera volver a España y recuperar su pleno poder. Pero otros pensaban que aquella era una oportunidad para crear un nuevo sistema de gobierno, más justo y más representativo que el régimen absolutista de los reyes borbónicos. Soñaban con aprovechar la guerra contra Napoleón para hacer en España una revolución política como la francesa de 1789. Fue así como surgió la reivindicación de convocar las Cortes.

La institución de las Cortes se remontaba a la Edad Media, cuando en cada uno de los reinos de la Península existían asambleas en las que estaban representados los tres estamentos de la sociedad: el clero, la nobleza y las ciudades. Las Cortes aprobaban leyes y a veces se enfrentaban al poder de rey. Sin embargo, desde el siglo XVI habían entrado en franco declive como consecuencia del afianzamiento del poder absoluto de los monarcas, y en el siglo XVIII o habían desaparecido o se convocaban en ocasiones muy contadas. Ahora, muchas voces se alzaban para exigir que se restablecieran aquellas Cortes con todas sus prerrogativas. Aunque, en realidad, más que resucitar una institución medieval lo que querían era crear una asamblea nacional que asumiera toda la soberanía, como había sucedido en Francia en 1789.

En abril de 1809, un miembro de la Junta Central, Lorenzo Calvo de Rozas, propuso formalmente convocar las Cortes, con el objetivo de establecer una «Constitución bien ordenada». Los defensores del absolutismo recelaban de la iniciativa, dado que se pretendía convocar unas Cortes en ausencia del monarca, algo sin precedentes, mientras que los liberales esperaban que la asamblea sirviera para introducir las reformas que necesitaba el país y cambiar así el rumbo de la historia de España. El 22 de mayo de 1809, la Junta Central aprobó la propuesta de Calvo de Rozas y durante los meses siguientes debatió cuál debía ser el sistema de elección de los diputados.

Liberales y absolutistas

En enero de 1810, los acontecimientos se precipitaron. Invadida Andalucía por los franceses y con el ejército español disperso y en retirada, la Junta Central abandonó Sevilla y se trasladó a la Isla de León, que enseguida se convertiría en baluarte de la resistencia española contra el invasor. Allí, los poderes de la Junta fueron traspasados a un Consejo de Regencia, que asumió, no sin reticencias, la convocatoria de Cortes tal y como estaba planteada. La apertura de la asamblea tuvo lugar finalmente en septiembre de 1810, en el teatro Cómico de la Isla de León. En esos momentos, Cádiz padecía una epidemia, quizá de tifus, que no fue a mayores; pasado el peligro, desde enero de 1811, las Cortes se trasladaron a Cádiz y se instalaron en la iglesia de San Felipe Neri.

El número de diputados que asistieron a las Cortes de Cádiz fue variable: en la sesión inaugural hubo unos cien, 185 firmaron la Constitución y 223 se encontraban en la sesión de clausura de las Cortes Extraordinarias. Procedían de toda España y hasta de América, pues las Cortes pretendieron dar los mismos derechos a los españoles del Nuevo Mundo; eso sí, ante las dificultades para la elección o el traslado de los elegidos a Andalucía, muchos fueron sustituidos por naturales de sus provincias que en aquellos momentos se encontraban en Cádiz. La mayoría eran eclesiásticos, abogados y funcionarios.

Entre los diputados se formaron enseguida dos grandes grupos ideológicos: los partidarios del absolutismo y del viejo orden tradicional, llamados por sus enemigos «serviles» –diputados como Blas de Estolaza y Lázaro de Dou– y los liberales, partidarios de reformar la sociedad del Antiguo Régimen, representados por políticos brillantes como Agustín Argüelles, Diego Muñoz Torrero, el conde de Toreno y José María Calatrava. En realidad fueron estos últimos, los liberales, quienes llevaron la voz cantante, ayudados por el ambiente que se vivía en Cádiz, que se había convertido en un auténtico hervidero de liberales. Incluso la mayoría del clero regular de Cádiz fue liberal porque estuvo próximo a planteamientos igualitaristas, de apoyo a los débiles y de lucha contra los privilegios.

Adiós a la Inquisición, viva la libertad
"En 1810, las Cortes decretaron la libertad de imprenta, y el final de la censura dio paso a acaloradas discusiones en cafés y tertulias".

La prensa jugó también a favor de los liberales. El 10 de noviembre de 1810, las Cortes decretaron la libertad de imprenta, suprimiendo la censura previa de las obras políticas. Después de años de censura y prohibición existía la posibilidad de opinar libremente. Los debates se hicieron públicos, surgieron tertulias, y se multiplicaron los periódicos y las publicaciones; entre los liberales destacaron el Conciso, el Semanario Patriótico o El Robespierre Español. La oposición absolutista, que también contaba con sus medios, se encontraba en clara desventaja frente a los defensores de la transformación liberal del Estado.

Los cafés se convirtieron en nuevos espacios de sociabilidad y debate de ideas. Los asistentes al café de Cadenas o al León de Oro, entre otros, se enzarzaban en apasionadas polémicas a partir de la lectura de las crónicas de las sesiones de Cortes que publicaba el Semanario Patriótico. Mientras, la juventud gaditana, enardecida por los discursos y las soflamas, se alistaba en los diversos batallones de voluntarios que se formaron, como el de los «lechuguinos», llamado así por emplear el color verde en su indumentaria, aunque también se atribuyó a que la mayoría pertenecían a los barrios de Puerta de Tierra y Extramuros, donde se cultivaban lechugas.

La labor legislativa de las Cortes de Cádiz fue enorme. Muchos decretos tuvieron por objetivo abolir las instituciones del Antiguo Régimen, como el régimen señorial de propiedad de la tierra (liquidado el 6 de agosto de 1811), la Inquisición o las pruebas de nobleza. También suprimieron las instituciones de control económico o social o que coartaran la libertad individual, como los gremios.
"En 1813, tras apasionados debates, las Cortes acordaron suprimir el tribunal de la Inquisición, en el que se veía un enemigo de la libertad"
"La abolición de la Inquisición" (Manufactura española:
pañuelo de seda. 1821. Barcelona, Museo Textil y de la 
Indumentaria, Colección Rocamora).
El debate en torno a la Inquisición levantó auténticas pasiones. Los liberales, imbuidos por las ideas de ilustrados y enciclopedistas del siglo veían en el tribunal un enemigo de la tolerancia y la libertad. Se publicaron numerosos escritos para demandar la abolición del Santo Oficio, como el del liberal catalán Antonio Puigblanch, que bajo el seudónimo de Natanael Jomtob publicó La Inquisición sin máscara, o Disertación en que se prueban hasta la evidencia los vicios de este tribunal y la necesidad de que se suprima (1811). Puigblanch era partidario de acabar totalmente con la Inquisición: «Cuando trato de destruir la Inquisición por sus cimientos, entiendo cumplir con uno de los principales deberes, que imponen a todo ciudadano la humanidad y religión juntas ofendidas atrozmente, y por una serie dilatada de siglos en este tribunal».

La Inquisición también tuvo sus apologistas, como el padre Francisco Alvarado, «el Filósofo Rancio». Sin embargo, fueron los liberales los que impusieron sus tesis. El 22 de febrero de 1813, la Inquisición fue declarada «incompatible con la constitución política de la monarquía» y, al día siguiente, la Regencia del reino suprimía el Tribunal, que era sustituido por los tribunales de la fe. El conde de Toreno consideraría que la abolición del Santo Oficio fue uno de los grandes logros de las Cortes de Cádiz: «Inmarcesible gloria adquirieron por haber derribado a éste las Cortes extraordinarias congregadas en Cádiz. Paso previo era su abolición a toda reforma fundamental en España, resultando, si no, infructuosos cuantos esfuerzos se hiciesen para difundir las luces y adelantar en la civilización moderna».

Todo el poder para las Cortes

Constitución de la Pepa. Cádiz, 1812

Aunque algunos diputados de Cádiz afirmaban que la constitución de Cádiz era un retorno a las libertades de la España medieval, aplastadas por el absolutismo desde el siglo XVI, en realidad su principal fuente de inspiración fue la Constitución francesa de 1791. 

Los postulados de la Constitución de 1812 fueron, por ello, muy radicales para la época, en particular el de atribuir el poder legislativo a una asamblea nacional, excluyendo todo senado aristocrático y limitando el poder real de veto.


La ley de mayor trascendencia que aprobaron las Cortes de Cádiz fue la Constitución, base de la reforma de todo el entramado jurídico y político absolutista. El texto establecía un modelo liberal de Estado, basado en la división de poderes: el monarca se encargaba del gobierno y la administración; la potestad de hacer las leyes residía en las Cortes, aunque el rey debía sancionarlas y podía vetarlas durante dos años; mientras que los tribunales de justicia eran los responsables de aplicar la ley. Se trataba de un sistema muy avanzado para la época y de hecho se convertiría en modelo de otras revoluciones liberales.

El texto definitivo de la Constitución fue promulgado el 19 de marzo de 1812, día de San José; de ahí el nombre popular de «la Pepa» que más tarde se le daría. A pesar de la lluvia y de la proximidad del ejército francés, ese día las muestras de júbilo fueron generales y los cronistas cuentan que se oían vítores y aplausos por toda la ciudad.

Los diputados marcharon en una comitiva, entre las aclamaciones y las canciones patrióticas de la población. Para perpetuar el recuerdo de la jornada se acuñaron medallas y se improvisaron composiciones poéticas. La noticia corrió como un reguero de pólvora por toda España y las provincias se fueron sumando a la celebración en la medida en que lo permitía la ocupación francesa.


El desquite de los reaccionarios
"Tras su regreso a España, el rey Fernando VII declaró nula la Constitución y todos los decretos promulgados por las Cortes"
Capitulación de Bailén
En 1814, la retirada de los franceses llenó de esperanzas a los patriotas de Cádiz. Los diputados se trasladaron a Madrid, con la esperanza de que el régimen que habían fraguado en Cádiz se consolidaría en un país liberado y pacificado. Pero el triunfo se convirtió para todos ellos en una pesadilla. Al volver a España, el rey Fernando VII firmó en Valencia un decreto en el que comunicaba que no solamente no juraba ni aceptaba la Constitución ni ningún decreto de las Cortes, sino que declaraba aquella Constitución y aquellos decretos nulos y de ningún valor ni efecto, «como si no hubiesen pasado jamás tales actos y se quitasen de en medio del tiempo». 
El 11 de mayo, los diputados recibieron la orden de disolución, mientras los partidarios del rey recorrían las calles de Madrid al grito de «¡Viva la Religión!, ¡abajo las Cortes!, ¡viva Fernando VII!, ¡viva la Inquisición!» Empezaba la reacción absolutista.

Subscribete por Email para recibir todas las actualizaciones