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Liberal | Jorge Díez

Cada vez que se usa la palabra liberal en los medios de comunicación parece que se nombra a la bicha. Para empezar se le suele poner un prefijo a la palabra, normalmente neo o ultra para incluso hacerlo parecer más pavoroso y radical.

Para continuar se intenta hacer una definición del término basado en los prejuicios de quien lo define y sobre todo incluyendo en esta definición atributos con varios efectos negativos para cualquier sociedad y sus miembros. Y por supuesto evitando cualquier definición que haya sido elaborada por los que se consideran a si mismo liberales.

Y por fin llega el tercer mantra del antiliberal: la pérdida de igualdad porque nada puede depender de nosotros o nuestro esfuerzo, lo esencial es ser iguales y si esto no se cumple pasemos al siguiente mandato: háganos iguales por la fuerza y por supuesto dejemos en espera la libertad

La ventaja de ser liberal es que podemos ser de muchos tribus o escuelas, neoliberales, ultraliberales, anarcocapitalistas, de la escuela austriaca, etc.… siempre de acuerdo con nuestro criterio y asumiendo que al final lo esencial es nuestra libertad.
Pero la verdad que somos coincidentes en algunos principios que son la esencia de nuestras ideas:
  • – El derecho a nuestra libertad de acción y pensamiento
  • – El derecho a la vida y la integridad física
  • – El derecho a la propiedad privada
  • – El derecho a las relaciones contractuales libres
A esto hay que sumarle otras bases más o menos consensuadas que nos unen a todos, la igualdad ante la ley, la libertad de sufragio y asociación, la reparación de los daños por las acciones ejecutadas, el libre mercado y el individualismo.

Por eso para nosotros ni los condicionantes éticos o religiosos son superiores a nuestro libre albedrío y nuestra libertad de pensamiento, y no lo pueden condicionar más allá de lo que nosotros, en nuestra libertad, estemos dispuestos a aceptar de esos principios.

No aceptamos idearios absolutos y creemos en nuestra libertar para discutir o no asumir cualquier idea como dogma, y no nos lo dejamos imponer desde las lógicas absolutistas, estatistas o religiosas, que siempre tienen como fin en la práctica la anulación de la libertad personal.

Lo más peligroso no es que le digan a uno cómo tiene que pensar, esto suele generar un cierto rechazo desde un natural espíritu libre que caracteriza a nuestra especie. Es cierto que a veces pertenecer a un grupo social también implican un dirigismo y perdida de libertad asumida, pero eso puede ir variando con el tiempo.

Lo peligroso son esos dogmas absolutos que suelen penetrar de forma subrepticia, imbuidos de unanimidad en el criterio, envueltos en una radical cientifismo o disimulado dentro de lo políticamente correcto que no admiten discusión, porque si no usted no tendrá razones o razonamientos, solamente será un negacionista, fascista o machista, etc.… un ser vil sin ningún derecho a la discrepancia. Y sobre todo debe asumir que la consecuencia más allá de la discusión sobre una idea concreta, inmediatamente se pondrá en duda cualquier otro planteamiento que se mantenga o tachado de erróneo y por lo tanto se le expulsará de cualquier acto discursivo o de forma más grave expulsado del cuerpo social. se habrá salido del consenso y se ha convertido en un apestado intelectual.

Y no se piensen que es una exageración esos dogmas absolutos poco a poco van siendo asumidos para casi todas las posturas ideológicas ante el miedo a la expulsión social y convirtiéndose en valores hegemónicos dentro de los planteamientos más característicos de las teorías de Gramsci.

Y las paradojas que esto genera dejan de causar extrañeza podemos ser al mismo tiempo víctimas inocentes de una de estas ideas absolutas y ser uno de sus defensores o proclamadores. De la primera forma de imposición de ideas como dijimos se puede salir, hay miles de ejemplos de personas que han sido capaces de evolucionar en su pensamiento político y cambiar a una u otra idea.

Pero la segunda opción es la sociedad la que en un momento absorbe estos valores y eres recriminado desde una y otras ideologías y tienes casi imposible poder lograr incluso canales para lanzar ideas contrarias a la que se ha constituido como absoluta.

Ahí es donde hace falta pequeñas islas de libertad donde poder no solo razonar en libertad sino ser también ser la semilla del cambio contra estos colectivismos absolutos. El Club de los Viernes es una de esas islas un club de pensamiento entre próximos, que sin adscripciones estrictamente políticas nos permite hacer ese liberalismo de trinchera poco a poco haga mella en la sociedad en la pelea por la libertad de pensamiento.

Y ya sabes si no eres nacionalista, ni fascista ni social-comunista eres liberal y aquí te esperamos.

Jorge Díez | 27/04/2019
Miembro del Club de los Viernes

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